Microrrelato III

Su tren ya había pasado; mientras esperaba en el andén, observaba al resto de personas que deambulaban bajo la marquesina de la estación. La lluvia caía recia, implacable, sobre los adoquines viejos.

Pensaba en su mala suerte, cuando su indecisión le hizo llegar tarde a comprar el billete de ida. Porque no pensaba volver, su destino y su futuro distaban mucho de allí. De aquel maldito y solitario lugar…

No había remordimiento ni pena, sólo frustración, una profunda decepción que embarraba su pensamiento. Una nostalgia de algo desconocido, una intriga de algo que era inevitablemente cierto: aquel tren no parecía que pudiera volver a pasar a corto plazo, y la estación abandonada no era un lugar acogedor para vivir.

Los retazos de periódicos viejos planeaban sobre el suelo, aleatorios, sin control, y le recordaban lo que nunca fue. Lo que nunca podía haber sido. Y, de repente, la frustración se tornó en cansancio, sus pies se volvieron de plomo y sus ojos se entrecerraban vencidos por el sueño.

Se había cansado de esperar, de mirar con emoción a las vías cada vez que escuchaba el silbato de un tren acercándose. Ya no esperaba al tren, sólo pensaba si marcharse o quedarse una eternidad más viendo gente pasar…